Victor Suárez
"Puedo Morir Mañana Hoy he Vivido Feliz"

Toñito
A lo lejos se vislumbraban los primeros rayos del sol que como gotas de oro se precipitaban sobre las copas de los árboles.
El Chacuey tenía puesto su sombrero de neblina, como casi todas las mañanas de invierno.
Yo ese día me desperté más temprano que nunca, era lunes, era Diciembre, era la Navidad y la Ceiba se vestía con un aire de fiesta así como la gente se volvía fraternal.
Don Epifanio García el vecino más cercano a mi casa, un hombre alto de contextura fuerte, amable, conversador, agricultor por herencia y por tradición madrugador. Antes de ir al conuco mientras echaba un conversado, bebía café con mis padres; siempre hablaba de las cosechas, del sol, las lluvias.
Pero ese día en su semblante había otra preocupación; entró a la cocina, se quitó el sombrero, se echó a un lado el machete y se sentó a la mesa.
Natí, le decía a mi madre, su nombre es Natividad, pero todo el vecindario le llamaba Natí. una mujer morena, alta, voluntariosa, donde todo el mundo tenía pan sobre la mesa y silla para descansar.
Fano, como apodaban a Don Epifanio, después de un sorbo de café preguntó ¿y no se enteraron de lo que pasó anoche?, ¡No contestaron, a coro mis padres. ¿qué pasó? recalcaba mi madre, tú sabes que tú eres el primero que llega aquí por la mañana, las primeras noticias llegan contigo.
Pues resulta y viene hacer contestó Fano, que como siempre, Antonio burlándose de la gente se cogió anoche con Toñito, entre trago y trago le decía hombrecito, chicotito de hombre, enano, mientras Toñito callaba.
Antonio era un hombre grande, fuerte pero muy aéreo en su forma de actuar. Toñito era poco hablador, analfabeto y trabajador como el que más.
El cuál como todos, salía los domingo a la bodega de doña María a beberse un trago; sin duda Toñito era motivo de burla de muchos por su corta estatura, su pírrica musculatura y una voz casi de mujer.
A las once de la noche exactamente Antonio se para al mostrador a buscar otra botella de ron; continuaba Fano, y como él tenia a Toñito entre ceja y ceja agarró a Toñito por una oreja, le gritó ¡los niños deben estar durmiendo a esta hora! Aquello cambió la faz de Toñito que sin decir palabras sacó de su espalda un puñal que parecía de su mismo tamaño y con toda su fuerza y la furia contenida por mucho tiempo, la desató en el cuerpo de Antonio atravesando lado a lado su pecho.
Toñito desapareció del lugar, mientras Antonio caía muerto en medio de la bodega.
- Doña Nati, este café de hoy me sabe a sangre, porque todavía tengo en la memoria ese charco de sangre en el que estaba tendido Antonio. ¡Eso se veía venir! exclamó mi padre, que hasta ese momento sólo escuchaba. Conocí a Antonio desde chiquitico y desde entonces lo único que vi fueron problemas en ese muchacho.
Estuvo preso por apedrear a un policía, le rompió la cabeza a Felo de una pedrada, estaba una vez intentando ahogar a Nailon en el río; y esas son algunas de las cosas que yo recuerdo de Antonio, sin embargo, era un muchacho de aquí, ya era parte de nuestro grupo social, es decir, que hay que preparar, el velatorio. Doña Carmen y Don Quirito son gente muy buena y merecen nuestra consideración; es una lastima que apenas inicia diciembre el luto llega a nuestra comunidad.
¿Cómo estará Doña Carmen? Exclamó mamá, a pesar de lo travieso de Antonio él era su favorito.
En ese momento yo con mi uniforme de kaki y mis zapatos de goma, pedí a mamá mi café con cazabe, porque ya era hora de ir a la escuela.
Entonces mi madre me abraza y me dice con dulces palabras. Quisiera que nunca pasaras por situaciones como esas, que no sean motivos de burlas los defectos físicos de otras persona, siempre busca realzar sus cualidades positivas y fortalecer el espíritu del otro.
Victor Suárez
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