Victor Suárez

Poeta y Cantautor Dominicano

"Puedo Morir Mañana Hoy he Vivido Feliz"

Policía de Tránsito


 

    Bordeaba despacio la rotonda, mientras el semáforo daba luz verde. El policía daba unos pasos inseguros hacia la mitad de la calle, a la vez que levantaba su mano derecha en señal de pare.

 

        Era la tarde. El sol vertía fuertemente sus rayos sobre mi cara.

 

        Solo esto me faltaba, murmuré.

        Me acerqué lo más que pude a mi derecha, me detuve, y dentro de una falsa sonrisa, dije:

 

        ¡A sus órdenes, señor agente! ¿Cómo le ha ido este hermoso día?

 

        Será heimoso pa' uté, contestó en un tono un tanto agreste.

-        Déjeme vei su documentación

-        ¿Cometí alguna infracción señor?

-        No es necesario cometei infrasión paque una gente dei oiden público lo mandes a parai cada vez que no des la gana, pa' eso es que somo la autorida.

 

Le entregué mis documentos sin comentar nada más. Después de algunas preguntas estúpidas, las cuales podría contestarse él mismo con tan solo mirar los documentos, por lo que no contesté, me miró fijamente de arriba abajo, diciendo...

 

-        Bueno, aguántese un momento ahí hasta que venga el saigento.

-        ¿Cómo? ¿Hasta que venga el sargento? ¿Dónde está él? ¿A qué hora viene?, Inquirí ya un poco molesto.

-        El está inpesionando la sona, no se desepere. pero señor no puedes usted pararme a qui asi por asi,

 Eso e lo que le pasa a utede, que siempre andan deseperao.

 

Pasó un cuarto de hora y yo comencé a salirme de mis cabales.

 

-        Mire señor, esto es un abuso, y no encuentro razón por la que usted me tiene detenido aquí, por su forma arbitraria de hacer cumplir las leyes de tránsito.

-        Oigame una cosa. Yo no tengo na de que hablai con uté, y si sigue de repingón lo voy a llevai a trancai pa que vea si el ga pela.

 

Entré en el auto. Pensé marcharme y dejarle los documentos, pero no, uno nunca sabe lo que estos ineptos pueden hacer.

 

Al fin llegó el sargento, despreocupado de la vida, y cuadre de "no me aje que estoy planchao".

-        ¿Qué pasa jefe?

Nocontesté

-        Danilo, que le pasa a este hombre, que lo veo como por brincarte encima.

-        Nada saigento, lo mandés a parai y eperé hata que uté llegara pa que decida, poique uté sabe que a ute es que le toca decidil, o sea saigento que nunca en la vida le pasaré por encima a sun superioi. Así que averíguesela con ese hombre que hata se ha pueto brabucón conmigo.

Entonces, el sargento se acercó a mi y me dijo:

-        Pero oiga señoi, poi que uté no le dio aigo a ese hombre y siguió su camino?

-        Pero yo no soy adivino señor, si eso era lo que él quería, debió hablar.

-        Es que Danilo es tan bruto que no sabe tratai con la gente, ,y meno con gente fina como se ve que es uté. Mire déjeme decile, aquí entre uté y yo, ya que hemos entrao en confianza, que Danilo no sabe ni leei ni escribi, por eso para los choferes, y si yo no estoy aquí lo detiene como esos perros cazadores, hasta que llegue el amo. Yo no sé como se equivocaron lo superiores y enganchaban gente así en una institución como ésta, que deben sei hombre etudiao.

 

-        Bueno, ya estoy entrando en cosas que son muy de la institución. Tíreme algo ahí, mi jefe. Tenga su documento y vallase tranquilo, y no se apure que yo voy a arreglar las cosas para cuando uté vuelva a pasar por aquí ni lo miren señol.

 

Saqué veinte pesos y se los di a este hombre y a la vez le preguntaba, ¿Y usted sabe leer sargento?

  

Victor Suárez

 

 


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