Victor Suárez
"Puedo Morir Mañana Hoy he Vivido Feliz"

El Caballo de Anaísa
Era una noche hermosa de abril. Era la primavera del 72. La luna parecía una torta de cazabe pegada al cielo…brillaba como el sol! La noche parecía el día…
Los muchachos del vecindario jugábamos felices a las escondidas…
Yo me escondía detrás del pilón que yacía acostado detrás de la mata de coco que estaba detrás de la cocina…
La algarabía era tal, que parecía el bullicio del juego de pelota los domingos en el play del pueblo, cuando dijimos, ya…para que el equipo contrario comenzara a buscarnos, se escuchó un grito que cortó de súbito todo el esplendor de la noche…
Fue un grito como de muerte, un grito espantoso que nos enfrió a todos la sangre…
Quedé petrificado, muerto de miedo detrás del pilón…
Cesó la algarabía…no se escuchaba nada…y entonces, aquel chillido rasgante se volvió a escuchar una y otra vez, como si el mismo demonio estuviera allí…
Quise correr, pero parecía tener los pies atados, clavados al suelo, no podía moverme…
Hasta que un tercer alarido me hizo correr desbocado, a la vez había notado que aquel baladrar venía precisamente de mi casa…
¡Soy el Diablo!, ¡Soy el Diablo!, aullaba una y otra vez…y entonces todos corrían hacia allá para enterarse de lo que sucedía… ¿qué pasa? Se preguntaban unos a otros… ¡parece que donde doña Nati se apareció el Diablo! Contestó alguien…
Aquellas palabras me enfriaron los pelos, yo apartando la gente entré a la casa y de inmediato a la habitación desde donde provenían los chirridos y estaban mi mamá, mi hermano y algunos hombres, más, tratando de sujetar a Antonia la cual daba saltos como el diablo, que chirriaba como el diablo y que tenía fuerzas como el diablo…
Todo estaba roto…las sillas, la tinaja, la cama, y el cesto de tabla de palma que daba a la mata de toronja que sembró mamá…
Ninguno de los hombres pudo con ella, ni siquiera todos juntos… el pelo se le trenzó de repente y pedía con rabia y con furia que le buscaran tabaco y ron…
Antonia era delgada como mi dedo meñique…era pequeña y no hacía mucho que había dado a luz… era la esposa de mi hermano, el cual, como la mayoría de los allí presentes, no entendía aquel fenómeno…
¡Es verdad que tiene el diablo metío esa mujer, porque de donde saca tanta fuerza este flin flin de gente…! Exclamó mi tío Luís…
Y otra vez volvieron a tratar de atarla a la cama…pero que vá, ella se soltaba fácilmente y seguía lanzando sus espantosos gritos…
¡Soy el diablo! ¡Búsquenme romo y cigarros, sino acabaré con todo aquí…! Pero nadie le daba nada…
¡Eso fue una maldición que le echó su mamá, para que la aleje de su hijo! Susurraba la comadre Damiana a mi mamá…!usted sabe que ella nunca lo quiso para su hija…nunca estuvo de acuerdo con su matrimonio…
Era de noche, era la hora en que los gallos cantan… no había más que hacer para someter a Antonia… Entonces, dijo mamá…!Busquen a chichí, ella es caballo de la metreza y tal vez pueda y quiera ayudar…
Mi hermano montó la yegua de mi tío Tito que ya estaba descansando después de haber venido de Masaquito, y a la carrera fue donde Chichí quien vivía más o menos a un Kilómetro…
Yo tenía diez y seis años, el sueño me vencía en un rincón de la casa, pero con aquellos gritos endemoniados y tanta gente en mi casa, era imposible conciliar el sueño.
De pronto escuché el galopar de la yegua que se acercaba, y mi hermano que entraba a la habitación…
Dice chichí que ustedes saben que ella está embarazada y que es de madrugada para estar en la calle- y no bien había terminado de hablar, cuando ella estaba parada en la puerta del cuarto… con las manos en la cintura, exclamó…
¿Qué pasa aquí? ¿Qué haces tú aquí?...
Hablando con autoridad, refiriéndose a lo que pasaba a mi cuñada… ¿quién eres tú? -volvió a preguntar- ¡Soy el diablo! Contestó… ¡y yo Metresilí, y tu no tienes derecho a estar aquí!...
Aquí solo vienen seres con poderes que puedan utilizarlo positivamente a favor de la gente… las fuerzas del mal no tienen cabida en este plano, y menos en esta familia…!búscame una rama de gandulee bien enpajonao, reclamó Metresilí y mi hermano en
En ese momento llegó Censo con la vara de guandules enpajonao, que le voy a dar una pela a este sin vergüenza que se atreve a venir a esta casa, aquí solo vienen seres con poderes que puedan usarlo para el bien y a favor de la gente, la fuerza del mal no tiene cabida en este plano y menos en esta familia, en ese momento llego censo con la rama de gandulee enpajonao y de inmediato, Chichí se le echó encima y lucharon y lucharon estas dos mujeres… una flaca como el meñique –la otra embarazada… todo lo que quedaba entero se rompió… todos salimos de la casa, porque aquello era una lucha feroz… gritos y alaridos… hasta que al fin Antonia quedó tendida en el suelo llorosa, sollozante y preguntando… ¿Qué pasó? ¿Qué pasó? ¿por qué esta gente aquí a esta hora? ¡doña Nati –a mi madre- tengo hambre y mucha sed!
Ahora hay que dejar un ser bueno cuidándola, porque su cerebro ya ha sido usado, y es muy fácil que entren seres malignos, o ese mismo malvado, que quien sabe desde cuando la estaba usando para hacer sus fechorías aquí en este plano…
Voy a dejar a Anaísa…ella es mi hija…estará siempre aquí, ustedes pueden llamarla La señorita, Antonia será su caballo…
Ya era de mañana… nadie durmió en el vecindario aquella noche, Antonia se levantó cantando, silbando constantemente…limpiando y haciendo todo en la casa…
Cada noche se levantaba a las doce en punto, y se iba al arroyo que estaba a más o menos medio kilómetro de la casa, y hacia nueve cruces con su cuerpo desnudo en el agua, sin decir palabra… mi madre detrás y ella adelante… y así fueron pasando los días, La señorita lo hacía todo… recogía la ropa sucia y en poco tiempo ya estaba lavada… cocinaba siempre sin sal, lo hacía todo en un tris tras buscaba dinero cuando no había en la casa… eso si, nunca un centavo más de lo que se necesitaba para ese momento…
La señorita era tierna y dulce con todos nosotros… nos curaba todas las dolencias, sabía que era bueno para nosotros, siempre decía que nosotros teníamos un poder especial, que nadie podía hacernos daño…
Siempre me pregunté para qué quería nadie hacernos daño.
Todo cambió. De repente Antonia comenzó a cobrar para consultar a la gente… ya no silbaba ni cantaba… su voz no era tierna y suave…
Y un día escuché a mi madre gritarle, -¡Ya deja eso, que ya no eres caballo de Anaísa… no engañes a la gente…!
Entonces, esa mañana Antonia se marchó de casa para nunca más volver a verla…dejó sus cuatro hijos, su marido y todo…nunca más volvió…
Años después supimos que ella vivía en un barrio de la capital, que tenía un altar en su casa y que cobraba por ayudar a la gente, porque era Caballo de Anaísa…
Victor Suárez
![]() |
E-Mail victorsuarez@tricom.net
Cel. 809-805-2735 |